Nacida al amparo
del éxito de su hermana “mayor”, Sensación
de vivir (Beverly Hills, 90210), Melrose
Place (título que hace mención al grupo de apartamentos en el que habitan los
protagonistas), venía a ser una especie de respuesta adulta a las desventuras vividas
por los chicos de Beverly Hills. El nexo de unión: el personaje de Jake (Grant
Show), de quien Kelly Taylor (Jennie Garth) se enamoraba durante una de las múltiples
subtramas surgidas a lo largo de la segunda temporada de la famosa serie capitaneada
por los mellizos Walsh (Shannen Doherty y Jason Priestley). Tan breve romance
se trasladaba a este nuevo trabajo que, tras unos dubitativos primeros pasos
(aburridos, diría yo), se lanzaba al desenfreno más absoluto (tan pronto como llegaba
Heather Locklear, anunciada como estrella invitada pero que se mantendría en el
plantel hasta el fin de los tiempos, para poner orden). Producida por Aaron
Spelling, en cuyo haber, como ya he indicado en varias ocasiones, hallamos
series tan relevantes como Los Ángeles
de Charlie (Charlie’s Angels), Dinastía
(Dynasty), la ya nombrada Sensación de
vivir o Embrujadas (Charmed), y
creada por Darren Star, quien años más tarde volvería a lograr otro pelotazo
televisivo gracias a Sexo en Nueva York (Sex
and the City), para la que recuperaría a Kristin Davis (quien se dejó caer por aquí
durante las temporadas 3 y 4), Melrose
Place pasará a la historia como uno de los culebrones más disparatados de
la historia de la pequeña pantalla. Aquí, y a modo de homenaje (el 8 de julio
se cumplió el 25 aniversario de su estreno), voy a enumerar algunos de sus
momentos más delirantes; algunos de los que más me marcaron.
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domingo, 16 de julio de 2017
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