Título original: Dying to Belong. Año: 2021. País: Estados Unidos. Género: Drama, Intriga. Directora: Gail Harvey. Guionistas: Caitlin D. Fryers. Intérpretes: Shannen Doherty, Favour Onwuka, Jenika Rose, Veronica Long, Heidi Bauman, June B. Wilde, Sebastian Greaves.
Gail Harvey (en la que
es, de las que he visto, su mejor labor de dirección; también es
una de las que mejor luce) y Shannen Doherty (actriz protagonista)
vuelven a coincidir tras trabajar juntas en Dulces
mentiras
(Stricking Poses) y Nadie
lo diría
(No One Would Tell). Ésta, su tercera colaboración, es el remake de
otra telepelícula, la que protagonizaron en el año 1997 Sarah
Chalke (Roseanne,
Scrubs)
y la oscarizada, tras su paso (fue despedida tras participar en un
puñado de capítulos) por Sensación
de vivir
(Beverly Hills, 90210), en la que, por cierto, no coincidió con
Doherty, Hilary Swank.
La
historia tiene como protagonista a Olivia (Favour Onwuka), quien tras
conocer a la apocada Riley (Jenika Rose), quien sufre de anxiedad, y
a la madre de ésta (Shannen Doherty), una ex- integrante de la
hermandad Pi Gamma Beta,
decide investigar acerca de las crueles novatadas que lleva a cabo
dicha hermandad... Así, la cinta va virando de una primera parte, en
la que prima el drama ligero, y que nos muestra cómo Olivia y Riley
unen fueras para unirse a la hermandad, a otra en la que se aproxima
más a la intriga y se vuelve un tanto rocambolesca, pero sin caer
nunca en el camp
ridículo en el que sí caían ciertas telepelículas noventeras
similares.
Lo mejor: Mejora,
y mucho, el material original. Ello y su trío protagónico.
Lo peor: Las
chicas de la hermandad siendo villanas de opereta, algunos diálogos
ridículos por obvios y un tercer acto que desbarra en demasía.
Puntuación: 6,5/10.

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