“Cómo hemos cambiado”, señalaba
la más popular de las canciones del siempre ñoño edulcorado grupo
capitaneado por Sole Giménez. Christina Rosenvinge no es que haya cambiado, es
que a digievolucionado como nadie: del pop naíf de Alex & Christina
(y su megahit: Hago “chas” y aparezco a
tu lado) a reina por excelencia del indie patrio (su unión con Nacho Vegas
nos trajo ese interesantísimo EP titulado Verano
fatal, pero tan rimbombante título se lo ha ganado gracias a sus dos
últimos, y sobresalientes, trabajos: Tu
labio superior y La joven Dolores).
Entre medias pudo mostrar su lado más rockero (¡hay que reivindicar los discos
de Christina y los subterráneos YA!) e incluso “decidió” (después de que Warner prescindiese de sus servicios)
protagonizar su propia aventura americana (de dicho viaje/exilio nacieron sus
tres discos más undergrounds y
también cierta amistad con músicos como Lee Ranaldo, el que fuera guitarrista de
Sonic Youth). Ahora, y tras cuatro años sin publicar (su anterior disco de
estudio, La joven Dolores, data de
2011; ese mismo año editó también Un
caso sin resolver, un recopilatorio IMPRESCINDIBLE), regresa para alegría
de los que, como servidor, esperábamos ansiosos nuevos temas de la madrileña.
