martes, 16 de marzo de 2021

Burning Palms

Título original: Burning Palms. Año: 2010. País: Estados Unidos. Género: Comedia Negra. Director: Christopher Landon. Guionista: Christopher Landon. Intérpretes: Rosamund Pike, Jamie Chung, Zoe Saldana, Shannen Doherty, Dylan McDermott, Lake Bell, Nick Stahl, Paz Vega, Robert Hoffman, Peter Macdissi, Anson Mount, Adriana Barraza, Emily Meade, Victor Webster, Colleen Camp, Ross Thomas, Jon Polito, Jason Brooks, Edrick Browne.

Un director nobel, hijo de Michael Landon, el que fuera protagonista y creador de varios hitos televisivos como Bonanza, La casa de la pradera (Little House on the Prairie) o Autopista hacia el cielo (Highway to Heaven), que ya había despuntado como guionista de Disturbia y co-guionista de varias entregas de la franquicia Paranormal Activity (más adelante incluso dirigía uno de sus spin offs, pero esa es otra historia); un reparto de lo más llamativo, repleto de rostros conocidos y en el que me adentraré más adelante; un puñado de historias (Burning Palms es la suma de cinco historias cortas) retorcidas. Son los ingredientes con que cuenta esta cinta destinada a convertirse en película de culto y/o a sacar de quicio a los más puristas y/o puritanos. 
 
 
 
Burning Palms mezcla el estilo visual de Creepshow (y no sólo por el cutre cómic que sirve para enlazar las distintas historias) con la narrativa de cineastas tan interesantes como Todd Solondz o Gregg Araki (¡viva el cine indie de los 90!), todo ello aderezado con una fotografía rica y prudente (muy pastel, nada que ver con las vistas en la obra del mencionado Araki y que contrasta sobremanera con la brusquedad de situaciones y tramas) y una banda sonora tan inclasificable (y desconcertante; en ocasiones para mal: oigase el tema de los créditos finales, por ejemplo) como la propia película. 

 

La estrecha relación de un padre (Dylan McDermott, habitual en las producciones de Ryan Murphy) con su hija (Emily Meade, vista en la primera temporada de la sobresaliente The Leftovers) y que tanto incomoda a la novia de éste (Rosamund Pike, chica Bond y nominada al Oscar); una chica (Jamie Chung) obsesionada con el olor del dedo con el que sodomizó a su novio (Robert Hoffman) a petición de éste; una pareja (Peter Macdissi y Anson Mount) decidida a adoptar a toda costa; unas niñeras latinas (la española Paz Vega y la nominada al Oscar, por Babel y en la categoría de mejor actriz de reparto, Adriana Barraza) que tienen que lidiar con un grupo de niños malcriados; una mujer (Zoe Saldana, protagonista femenina de Avatar, de las entregas de Star Trek auspiciadas por J.J. Abrams y de varios blockbusters del UCM) que busca a su violador (Nick Stahl, a quien pudimos ver, por ejemplo, en Terminator 3 y Sin City) para... 

 

Cinco historias cuyo nexo de unión, más allá de lo subversivo, es la participación de la televisiva Shannen Doherty, quien interpreta a una psiquiatra, en dos de ellas. El acento falso de Doherty, la malsana obsesión que destila el personaje de Pike, la espiral de locura en la que cae el de Chung (quien pasó de compartir pantalla con Selena Gomez y Demi Lovato a participar en películas como Sucker Punch o, más recientemente, la serie The Gifted) o los duelos interpretativos que mantienen Macdissi y Mount, por un lado, y Saldana y Stahl, por otro, son algunas de las cosas que podríamos destacar dentro del apartado interpretativo. También a una Lake Bell a la que no había mencionado antes y que se deja caer por la cuarta historia, dando vida a una suerte de hippie fumada y certera.

Es cierto que su ritmo es irregular (se debería haber pasado con más ligereza la tijera por la mayoría de capítulos, eso es así), que la banda sonora peca de anticlimática o que el devenir de buena parte de las historias espantarán al personal (los desenlaces de la primera y cuarta no epatan, el de la segunda se ve venir y los de la tercera y quinta están realizados a conciencia para mosquear/noquear al personal, dicho como algo no precisamente malo), pero Landon ya despuntaba maneras (aunque en los últimos tiempos ha virado, convirtiéndose en una suerte de John Hughes + Kevin Williamson, pero sin tantas referencias a la cultura pop, para mi desgracia) y, además, se rodeaba, sorprendentemente (estamos hablando de una ópera prima, no lo olvidemos), de un nutrido grupo de intérpretes solventes y conocidos que dan brillo al conjunto. Burning Palms es un rareza y eso siempre se agradece.

Lo mejor: Su genial reparto. Las historias dos (por mucho que parezca un chiste que se alarga en demasía) y tres (y su muy polémico desenlace).

Lo peor: Cierta falta de ritmo, culpa de un montaje poco incisivo (sí, casi vago y hasta miedoso).

Puntuación: 7/10.

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