martes, 2 de abril de 2024

Fuga de cerebros

Título original: Fuga de cerebros. Año: 2009. País: España. Género: Comedia. Director: Fernando González Molina. Guionistas: Curro Velázquez y Álex Pina. Intérpretes: Mario Casas, Amaia Salamanca, Alberto Amarilla, Canco Rodríguez, Gorka Lasaosa, Pablo Penedo, Álex Angulo, Blanca Suárez, Sarah Muehlhausem, Asunción Balaguer, Joan Dalmau, Fernando Guillén, David Fernández, José Luis Gil, Loles León, Antonio Resines, Adrián Lastra, María León.
 
 Emilio (Mario Casas) lleva enamorado de su compañera Natalia (Amaia Salamanca) desde que eran unos niños. Ahora ya son (casi) adultos y sus vidas están a punto de separarse tras terminar el instituto, ya que ella se marcha a Oxford a estudiar medicina. Emilio decidirá ir en su busca, falsificando las notas y los documentos pertinentes con la esperanza de, una vez allí, declararse. Pero no estará solo, le acompañarán su fieles amigos, una panda de descerebrados (de ahí el título) entre los que se encuentran un paralítico (Gorka Lasaosa), un ciego (Alberto Amarilla), un gitano traficante (Canco Rodríguez) y un atolondrado e inepto (Pablo Penedo)...
 
 
La película está llena de clichés y lugares comunes. Es más, no disimula en ningún momento que su saga de referencia es la popular American Pie (véase la escena del pastel antes de partir hacia Oxford). Así, su historia falla; y lo hace no sólo porque el eje central de la misma sea simple, sino también porque se dedica a acumular y enlazar situaciones cómicas hasta llegar a su más que previsible desenlace. Pero lo peor no es eso; lo peor es la falta de gracia y originalidad (sí, quiero volver a remarcarlo) de sus escenas. Además, los chistes se sirven en demasía del humor más grosero, en el que se incluyen, claro está, todo tipo de fluidos (véase la escena en la discoteca y la bolsa de orina), siendo los resultados más repulsivos que graciosos. Eso por no hablar de las escenas metidas con calzador (el desnudo de Salamanca, sin ir más lejos; tienen claro cuál es su público objetivo).
 
 
No ayudan (a intentar elevar, o salvar, el conjunto) ni la poca entidad de los personajes (los cuáles son meros estereotipos) ni las actuaciones (el personaje de Casas no resulta creíble ni simpático, tampoco funciona su entonación). Sólo se salva Alberto Amarilla, cuya caracterización como el cegato del grupo es lo mejor de la película. Además el actor consigue que el personaje sea cómico y tierno a la vez. Por la película también deambulan un grupo de veteranos actores capitaneados por Loles León y José Luis Gil (en un celebrado reencuentro tras ser pareja en la serie Aquí no hay quien viva), pero sus participaciones, aunque estimulantes, suponen simples cameos dentro de la trama central. Esta mezcla de comedia romántica y grosera no resulta muy diferente (aunque sí menos original) de lo ya visto en las más caposas comedietas americanas.
 
Lo mejor: Su llamativo reparto de secundarios.
 
 Lo peor: Su humor casposo y clichetero.
 
 Puntuación: 2/10.

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