martes, 6 de marzo de 2018

La chica de rosa

Título original: Pretty in Pink. Año: 1986. País: Estados Unidos. Género: Comedia, Romance, Drama. Director: Howard Deutch. Guionista: John Hughes.  Intérpretes: Molly Ringwald, Andrew McCarthy, Jon Cryer, James Spader, Annie Potts, Harry Dean Stanton, Alexa Kenin, Kate Vernon, Andrew Dice Clay, Emily Longstreth, Margaret Colin, Gina Gershon, Kristy Swanson.

El rostro de Molly Ringwald (y su inconfundible pelo rojo) era, a mediados de los 80, uno de los más populares de entre los intérpretes de su edad. Y lo era gracias al éxito (casi consecutivo) de películas como Dieciséis velas (Sixteen Candles), El club de los cinco (The Breakfast Club), uno de los grandes clásicos del cine teen, y la que nos ocupa (la cual, además, vino a ser su última colaboración con Hughes, quien tras algún desplante de la actriz, quien ansiaba romper con su imagen de niña bien, no volvió a contar con sus servicios nunca más). Ringwald era tan famosa que incluso llegó a ser portada, poco después del estreno de esta cinta, de la mítica revista Time (concretamente en la correspondiente al 26 de mayo de 1986).


La actriz interpreta aquí, y entramos ya en materia, a Andie (papel para el que se barajó a medio Hollywood adolescente: Jodie Foster, Justine Bateman, Brooke Shields, Sarah Jessica Parker, Diane Lane, Lori Loughlin, Tatum O’Neal…), una estilosa (bueno, más o menos; véase su muy “customizado” vestuario, mezcla de la Madonna más ochentera, Cyndi Lauper y Hello Kitty) e imaginativa joven que está perdidamente enamorada de Blane (un Andrew McCarthy un tanto soso, las cosas como son), un chico tímido, adorable y, aparentemente, fuera de su alcance (¡su familia es rica!; ¡drama!). Su historia de amor se complica todavía más al no ser vista con buenos ojos por buena parte de su entorno. Por un lado está el amigo de Andie, Duckie (Jon Cryer, en un papel pensado inicialmente para Anthony Michael Hall, compañero de Ringwald en las ya mencionadas Dieciséis velas y El club de los cinco, haciendo lo único que sabe: ser un poco plasta), quien no disimula lo mucho que la quiere y, por lo tanto, desaprueba su inicio de romance con Blane; por otro el grupo de él, compuesto por los más pijos del lugar, y liderado por el insufrible (y clasista) Steff (James Spader), quienes no pierden oportunidad alguna para meterse con la joven. Harry Dean Stanton, actor de carácter visto en películas como La leyenda del indomable (Cool Hand Luke), Los violentos de Kelly (Kelly’s Heroes), Alien, el octavo pasajero (Alien), 1997: Rescate en Nueva York (Escape from New York), La milla verde (The Green Mile) o, más recientemente, y antes de fallecer en 2017 (a los 91 años de edad), en Twin Peaks: The Return, recuperando su papel de Twin Peaks: Fuego camina conmigo (Twin Peaks: Fire Walk with Me), interpretando al viudo (y desempleado) padre de Andie, y Annie Potts, a la que ahora podemos ver en El joven Sheldon (Young Sheldon), teleserie que narra la infancia del personaje al que Jim Parsons interpreta en la popular Big Bang (The Big Bang Theory), como la mejor amiga de ésta (en un papel para el que se pensó en actrices como Anjelica Huston o Tracey Ullman), completan el reparto principal.


La chica de rosa goza de ese encanto un tanto naíf que hallamos en buena parte de las producciones juveniles de su época. Además, se nota que Hughes (quien ejerce tanto de guionista como de productor) se encontraba detrás del proyecto, ya que imprime su característico sello a cada uno de los personajes que lo pueblan, sobre todo a una protagonista que parece creada a mayor gloria de una Ringwald que nunca estuvo tan adorable y carismática (la actriz llegó a declarar, tiempo después, que éste era su trabajo predilecto de todos los que conforman su filmografía). Otro de los puntos fuertes de La chica de rosa reside en la química que se establece entre su pareja protagonista (Ringwald y McCarthy); química que intentaron repetir en la fallida Jóvenes ardientes (Fresh Horses), película que los volvió a reunir en pantalla (y en la que él interpretaba a un niño bien que se enamoraba de una campesina a la que daba vida, claro, ella) pero que se saldó con un sonoro (y casi hasta merecido) batacazo en taquilla (costó unos 14 millones de dólares y no recaudó, en Estados Unidos, ni la mitad). La chica de rosa, con una Ringwald en estado de gracia, su colección de secundarios con encanto y su remarcable banda sonora (que incluye temas de New Order, Orchestral Manoeuvres in the Dark, Echo & the Bunnymen, Suzanne Vega o The Smiths; atención, asimismo, al bailecito/playback que se marca Cryer al son de Try a Little Tenderness, el clásico de Otis Redding), se ha convertido, por derecho propio, en uno de esos pequeños clásicos del cine juvenil.

Lo mejor: Molly Ringwald y el cariño con que Hughes escribía sus historias (y a los personajes que las habitaban).

Lo peor: La ligereza de su guión (no deja de ser una fábula protagonizada por dos chicos de mundos distintos que se enamoran bajo el testigo de un entorno hostil, pero trasladada al mundo estudiantil) y el vestido que le cascan a nuestra pobre prota al final de la película (y que ésta, como se supo tiempo después, odiaba con todas sus fuerzas; ¡no me extraña!).

Puntuación: 7/10.

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