viernes, 30 de julio de 2021

Lana Del Rey: Chemtrails Over the Country Club


Del Rey es una artista de lo más productiva; apenas acaba de presentar el presente Chemtrails Over the Country Club, disco que llegaba tras la alargada (y alabada) sombra del superlativo Norman Fucking Rockwell!, y ya estaba anunciando que tenía casi listo su siguiente larga duración (nicialmente programado para este pasado 4 de julio, pero atrasado tras, eso sí, haber presentado varios de sus temas). Y es que también es una experta en mal eclipsar los estrenos de sus discos (todavía recuerdo haber ido a verla en directo tras publicar otro de sus trabajos más superlativos, Ultraviolence, y que apernas se dignase a mostrar dichas canciones, más allá de algún acapella a petición popular, en el escenario; suele pasar que, una vez ven la luz, no exploten los singles más potenciales del mismo).


Partiendo de la grandiosidad de su anterior trabajo, he de reconocer que este Chemtrails Over the Country Club se me antojó un tanto menor. Pero no, no es tan menor; tampoco me pareje, ¡ojo, un larga duración tan redondo como los mencionados Norman Fucking Rockwell! o Ultraviolence. Desde luego no ayudó a pensar lo contrario Let Me Love You Like a Woman, primer corte conocido, que no primer single, del disco, ya que lo que nos ofrecía (que, ¡nuevamente ojo!, no es moco de pavo) era una balada sencilla y bonita. Mucho más poderosa en su mensaje, y con un video magnífico y llamativo, fue su, ya sí, primer single, titulado igualmente Chemtrails Over the Country Club. Más rupturista, y por lo tanto incluso más interesante, se muestra el segundo single: un White Dress en el que Lana canta con susurros desgarradores (lo siento, no se me ocurre mejor manera de calificarlos) y rememora una época pasada de manera nostálgica. “Verano, ardiente / escuchando jazz en el jardín / escuchando a los White Stripes cuando eran lo más / escuchando rock todo el día“, dice en esta última. A destacar también su visión de la américa rural en Tulsa Jesus Freak (¡titulazo!); Yosemite, una de sus grabaciones/composiciones más antiguas y que se ha convertido en una de las favoritas de su fandom gracias a su dulzura;For Free, versión (la pertinente de cada disco) de la canción de Joni Mitchell, y en la que colaboran Weyes Blood y Zella Day (la otra colaboración del disco es la de Nikki Lane, en Breaking Up Slowly, donde las voces de ambas se entrelazan bellamente); o Wild At Heart, en la que notamos cómo se apoya en dos de sus referentes: Chris Isaak (Wicked Game) y David Lynch (y no sólo porque comparta título con una de las películas de éste).
 
 
 
Las letras vuelven a girar en torno al particular universo de Del Rey (me repito pero allá voy: relaciones tóxicas, fama, la glamourización de la nostalgia...), pero ampliando el registro. Da en el morro, de manera muy sútil, a aquellos que la han tildado de machista (y no sólo en las letras, ya que, por ejemplo, podemos verla rodeada de algunas de sus amigas en la portada del disco, mostrando una sororidad sencilla y súper válida), de racista (¿?; vale, no ayudaron sus declaraciones indicando que no podia ser racista porque había colaborado con muchos raperos...) o de ser pro-Trump (a pesar de haber arremitido constantemente contra el ya ex-presidente; incluso protagonizó una de las noticias más biarras de los últimos años: el haber encabezado una especie de ritual de brujería en su contra; en contra de Trump, claro). Además, y esto es importante, se muestra un tanto más luminosa y menos “torturada”; juguetea con el country (menos, eso sí, de lo que nos haría sospechar su título) y nos termina ofreciendo una buena colección de temas que, aun estando lejos de sus cortes más prodigiosos (me veo en la obligación de volver a nombrar varios de sus anteirore trabajo: The Greatest, Mariners Apartment Complex o, claro, Venice Bitch) funcionan perfectamente bien como un todo en el que ninguno de ellos chirría o se muestra notablemente inferior. Y es que este Chemtrails Over the Country Club es otro título notable dentro de la ya de por sí notable discrografía de su autora. 

Lo mejor: Es lineal, en el mejor sentido de la palabra. Vamos, que, en líneas generales (valga la redundancia), todos sus temas son buenos o muy buenos.
 
Lo peor: La sensación de que no contiene temas tan históricos como otros de sus discos. De ahí que inicialmente parezca un trabajo menor.
 
Puntuación: 8/10.

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