domingo, 18 de marzo de 2018

Damiselas en apuros

Título original: Damsels in Distress. Año: 2011. País: Estados Unidos. Género: Comedia, Drama, Romance. Director: Whit Stillman. Guionista: Whit Stillman. Intérpretes: Greta Gerwig, Carrie MacLemore, Analeigh Tipton, Megalyn Echikunwoke, Adam Brody, Hugo Becker, Meredith Hagner, Ryan Metcalf, Jermaine Crawford, Caitlin FitzGerald, Zach Woods, Aubrey Plaza, Billy Magnussen.

Escuela de jóvenes asesinos (Heathers) es un título de culto que ha creado, valga la redundancia, escuela. Supuso un antes y un después en el cine de institutos, por ello no debería extrañarnos la cantidad de trabajos que se han dedicado a plagiarla y/u homenajearla. Caramelo asesino (Jawbreaker) parece su versión chusca/hardcore, Chicas malas (Mean Girls) su versión Disney (y exitosa) y Damiselas en apuros, la película que nos ocupa, su versión más decididamente alternativa, naíf y absurda. 


Greta Gerwig (Frances Ha), superestrella del mumblecore (movimiento cinematográfico al que pertenecen aquellas películas de bajísimo presupuesto que son rodadas, al menos por norma general, en digital y cuyo género transita entre el drama y la comedia costumbrista; el término, por cierto, fue acuñado por un técnico de sonido al escuchar cómo los actores parecían murmurar sus diálogos) que, de un tiempo a esta parte, ha dado el salto al lado más visible del Hollywood indie, es la protagonista principal y da vida a Violet, una joven cuyo afán en la vida es mejorar la de los demás. “Las convicciones de Violet son muy extrañas, pero ella las defiende con tanta firmeza que hasta intenta que los demás también las comprendan. Cuantas más personas se rían de ella, y le digan que está loca, más motivada se sentirá para mejorar el mundo y ayudar a las personas a ayudarse a sí mismas”, aseguraba la propia Gerwig. Pero la trama de Damiselas en apuros (más allá de las oportunas, y necesarias, presentaciones) comienza a partir de la aparición en escena de una nueva alumna de intercambio, Lily (Analeigh Tipton), aka la despistada, a la que Violet y sus amigas, Heather (Carrie MacLemore), aka la dulce, y Rose (Megalyn Echikunwoke), aka la dogmática, deciden acoger y guiar por el muy masculino (y zopenco) ambiente universitario; incluso la ayudarán (o eso creen hacer) a reconducir su vida amorosa (a lo largo de la película vemos cómo Lily se debate entre dos amores: el del galán y ligón Charlie, interpretado por Adam Brody, de la serie The O.C., y el del sexy, al menos a ojos de las féminas que pueblan esta cinta, Xavier, interpretado por Hugo Becker, quien, para complicar todavía más las cosas, resulta que tiene novia). También le enseñarán a gestionar el “Centro de Suicidio”, donde tratan de animar a alumnos deprimidos y/o con tendencias suicidas (sí, otro guiño a Escuela de jóvenes asesinos) a base de cafés, donuts y… ¡números musicales!, ya que nuestra protagonista cree en el poder curativo de la música (sic).


Whit Stillman (Metropolitan, Barcelona) regresó a la dirección tras 13 años de ausencia (su anterior película, The Last Days of Disco, data de 1998) con la que es, sin lugar a dudas, su cinta más accesible. ¡Ojo!, ello no quiere decir que estemos ante un trabajo para todos los gustos. Su humor absurdo y sus diálogos desarmantes pueden sacar de quicio a aquellos que no comulguen con un tipo de humor tan especial: priman los diálogos (absurdos, claro), los personajes tontorrones (dicho con todo el cariño del mundo) y se prescinde, prácticamente por completo, del humor físico. Los que, como servidor, sí lo hagan podrán disfrutar de una comedia (de enredo) nada convencional que se beneficia de un magnífico reparto (en el que brilla una Greta Gerwig en plenas facultades) y de un guión que, si bien se desinfla durante su último tramo, logra ensimismarnos con las vivencias de su muy peculiar, y protagónico, clan femenino.

Lo mejor: Su tono absurdo y una Greta Gerwig tan maravillosa como de costumbre.

Lo peor: Su desenlace. No es que sea malo (tampoco es que me haya disgustado sobremanera), pero me invade la sensación de que Whitman no supo cómo enfocarlo. Durante una de las entrevistas promocionales confesó que le había costado cerca de un año escribir las primeras 23 páginas del guion, lo que me lleva a pensar que tal debería haber invertido algo más de tiempo en su acto final (el cual noto algo precipitado). Y no, no me vale (como excusa; o no) que el mismo sea una especie de homenaje a la película Señorita en desgracia (A Damsel in Distress), protagonizada por Fred Astaire y de la que toma prestado (bueno, más o menos) su título original.

Puntuación: 7/10.

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